jueves, 17 de marzo de 2011

¿Qué hacer a la hora de elegir colegio?


El período de preinscripción de los colegios para el próximo curso se acerca y, por tal motivo, los padres comienzan a plantearse seriamente cuál es el mejor centro para sus hijos. Son muchos los factores que influyen a la hora de decantarse por uno o por otro, como la proximidad al domicilio, el nivel de formación o las instalaciones.

A la hora de escoger un centro educativo, lo primero que debemos hacer es buscar información sobre el mismo. Leer algún folleto, entrevistarnos con el responsable del mismo, visitar sus instalaciones o buscar en Internet son algunas de las acciones que debemos llevar acabo si deseamos tener éxito en nuestra búsqueda. 

Lo primero que debemos decidir es si queremos que nuestros hijos acudan a un centro público, privado o concertado.
Los centros públicos tienen servicios gratuitos, normalmente hasta la Educación Secundaria Obligatoria. Si las plazas ofertadas son escasas el propio centro pone en marcha un proceso de selección en base a los criterios de admisión que estipula la Administración Pública. Estos criterios son la renta familiar, la proximidad del domicilio y el número de hermanos que ya estén inscritos en ese colegio.
Los centros privados, cuyos servicios no son gratuitos, se distinguen por implantar idearios de enseñanza propios. La preinscripción en estos centros se rige por normas internas. Normalmente, la solicitud de plaza exige a los padres pagar una cuota de preinscripción.
Los centros concertados se encuentran a medio camino entre los dos anteriores. Son colegios privados que cuentan con subvenciones públicas y, por ello, los costes de la matrícula son menores que en los centros privados.

A la hora de decantarse por un centro u otro, es importante visitar las instalaciones y acceder a la lista de actividades extraescolares que organiza. Asimismo, el comedor, la tecnología que utiliza en sus aulas o las horas que dedican a la enseñanza de un segundo o tercer idiomas son aspectos esenciales que cada vez se tienen más en cuenta por los padres. 

El tema de los idiomas acapara cada vez más atención siendo muchos los padres que se preocupan exclusivamente de esta cuestión a la hora de elegir un centro. Por tal motivo, la demanda de colegios bilingües es cada día mayor. Éstos pueden plantear dos tipos de educación. La primera de ellas se basa en alternar el castellano con un segundo idioma, siguiendo el plan de estudios español. La segunda consisten en impartir un plan de estudios oficial de un determinado país. Sin embargo, hay que saber que hay más opciones en nuestro sistema educativo que se preocupan por los idiomas además de las ya reseñadas. Existen centros que dedican varias horas semanales a la enseñanza de un segundo o tercer idioma y que imparten cursos para reforzar su aprendizaje.

No es tarea fácil encontrar el colegio perfecto para nuestros hijos. En ocasiones, podemos vernos inmersos en una maraña de información que nos impide tomar una decisión. En estos momentos debemos recordar que el nivel de formación de un centro depende de la calidad del profesorado, de la gestión del centro y de la planificación que éste haga de las materias.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Matemáticas on-line

Sangakoo es una nueva web en la que los alumnos plantean sus propios problemas de matemáticas, desde los niveles más básicos hasta los de primer o segundo curso de carrera. Su creador, Enrique Gracián, comenta que "para empezar solo hay que saber leer y escribir y las cuatro operaciones básicas".

Es una red de colaboración en la que el alumno gestiona la información y la generea al mismo tiempo, a través del planteamiento de problemas matemáticos que él mismo resuelve. Aunque la iniciativa pueda resultar algo extraña, supone una nueva forma de acercar las matemáticas a todo tipo de público.

A día de hoy, hay más de 700 usuarios y se han generado cerca de 100 ejercicios nuevos de matemáticas.

Sangakoo

miércoles, 16 de febrero de 2011

Abstraer y memorizar

  
La educación es un momento precioso en el que el alumno se abre al mundo, a conocerlo y a disfrutar de los muchos bienes gratuitos y sencillos que le ofrece. Comprender los secretos de las números, tocar los objetos de su entorno y experimentar con ellos, conocer la deslumbrante variedad de animales y el intrincado funcionamiento de sus organismos. Viajar a épocas pasadas y saber algo de cómo entendían la vida en países y épocas distantes de la nuestra, entender que hubo muchas personas que habitaron el planeta antes que nosotros y que muchas de sus hazañas dejaron huella en el mundo de hoy y otras se perdieron en la espesa e intrigante niebla de los tiempos remotos. Disfrutar de las palabras, jugar con ellas, explorar los universos llenos de vida de la fantasía literaria que ensanchan nuestras propias vidas. O hacer las primeras excursiones fuera de la propia lengua chapurreando en otro idioma. Son todas ellas experiencias riquísimas y emocionantes que nos cambiarán la vida para siempre.

Sin embargo, a veces estas experiencias, especialmente aptas para la infancia y la adolescencia cuando la curiosidad y la imaginación están pletóricas y el mundo se vive en colores intensos, se cubren de una grisura tupida y polvorienta que las vuelve aburridas e irrelevantes para los alumnos. Les cuesta estudiarlas, comprenderlas y, sobre todo, no entienden para qué sirven porque las sienten completamente desconectadas de su vida. En su día a día, en sus experiencias con sus amigos del colegio, en los planes del fin de semana, en sus enamoramientos… dan igual los epítetos, los complementos predicativos o las ecuaciones de tercer grado. Sinceramente, su queja es muy comprensible. No creo que el desinterés por la escuela, y el estudiar sólo por obligación, sea, per se, sinónimo de ser mal estudiante. Puede que haya que plantear que tal vez algo está fallando para que un niño, que en cuanto empieza a hablar no deja de preguntar el porqué de todo a sus padres, llegue al colegio y se pierda el interés, ahí donde se supone que han de explicarse los porqués.

Me temo que mucho tiene que ver el planteamiento que impera en los planes de estudio sobre cómo ha de entenderse el conocimiento. En la explicación y el estudio de las lecciones predomina la abstracción. Una abstracción, en ocasiones tan brusca, que vuelve los temas incomprensibles, piezas sin contexto y sin vida que después del examen pasarán, sin pena ni gloria, al olvido más absoluto.  El conocimiento implica siempre abstracción. Y es necesario saber resumir, esquematizar, clasificar, enumerar y ordenar. Es una habilidad muy necesaria en cualquier tarea que emprendamos, dentro y fuera de la escuela. Pero si el estudio se reduce a eso, a memorizar los frutos de estos ejercicios de abstracción, es fácil que muchos alumnos, menos inclinados a desenvolverse bien con estas técnicas, pierdan el interés y el placer por estudiar y tengan verdaderas dificultades para aprobar. Pero eso no quiere decir que no sean inteligentes ni que no tengan grandes cualidades para aprender. Ello resulta especialmente chocante en las disciplinas de humanidades y ciencias sociales, por definición ligadas a la vida y a los sentimientos cotidianos de las personas. Por poner un ejemplo, ¿de qué sirve aprender listas de autores y detalles sobre obras del siglo XV sin leer algún fragmento, sin tan siquiera rozar sus libros? Esos autores y sus obras quedarán olvidados sin remedio y apenas serán recordados como fantasmas desdibujados que sólo habitan en doce renglones del tema 3, no como personas de carne y hueso cuyos escritos pueden conmovernos o decirnos algo significativo o que incluso puedan gustarnos.


Estudiar de esta forma que hoy predomina (no sólo en las escuelas, también en las universidades), hurgando en el esqueleto lógico de los saberes y despreciando lo demás, es como si de una melodía sólo estudiáramos la partitura sin siquiera escucharla y mucho menos pararnos a interpretarla; o como si sólo nos interesara la gramática y la sintaxis y nos olvidáramos de que con la lengua inventamos y contamos historias, expresamos sentimientos o hacemos canciones.  Es importante conocerlos, pero los datos estarán siempre que los necesitemos al alcance de nuestra mano en la Wikipedia. Lo que ha de cultivarse en la enseñanza es algo que debería ir más allá de eso, una experiencia personal que, por ser propia y vivida en primera persona, quedará para siempre en el alumno, cultivando su gusto literario y su criterio para valorar ideas, afectando a su forma de escribir y estimulando su creatividad. Todo ello constituyen cosas verdaderamente formativas y gratas que no pueden obtenerse automáticamente en ninguna enciclopedia. Creo que merecería la pena que nos paráramos a pensar un poco sobre este asunto para entender mejor a los niños y jóvenes y poder ofrecerles nuestro apoyo de una forma más adecuada. Así, tal vez, puedan entender que “saber” sí sirve para algo, además de aprobar y contentar a los padres: ¡sirve para ser más feliz!






Laura Adrián, Licenciada en Ciencias Políticas y colaboradora de Didactia.